domingo, 25 de abril de 2010

LA SEMANA SANTA


Ya se acabó la Semana Santa, ya se acabó nuestra Semana Mayor como bien decimos los Ubetenses, que estamos orgullosos de Ella. Pero lo que ha acabado han sido los desfiles procesionales, porque para nosotros: “Semana Santa es todo el año”.


Una vez presentado este artículo, y en mi costumbre de relatar aquello que sucede a mi alrededor y cuyas circunstancias hacen modificar mis sentimientos, es por lo que voy a contar cuanto vi y oí en un velador cercano al que yo ocupaba en el recinto de un establecimiento idóneo y propicio para muchas de las mini tertulias, que estos “Días Santos”, acontecen en dicho lugar.


Como conocía a los dos amigos que dialogaban, es por lo que sin querer queriendo, puse oído a cuanto decían, sobre todo por ser tema de actualidad, ya que estábamos en Jueves Santo.


Mateo, hombre algo rudo, espontaneo, sincero, no muy instruido y bastante cabezota, -aunque con cierto deseo de ser convencido de lo contrario que expresaba-, exponía con rotundidad sus argumentos, que por supuesto eran totalmente contrarios a lo que decía, y supongo pensaba, su interlocutor: Fidel, quien por el contrario, es hombre que vive por y para la Semana Santa, ese hombre al que yo no puedo adjudicarle, aunque se los supongo, los verdaderos valores del catolicismo, porque no le conozco lo suficiente como para descubrir sus verdaderos sentimientos espirituales, además de que no viene al caso en este articulo, que solo trata de ver la diferencia de opinión entre ambos conocidos míos y que aprecio por igual.


¡¡Qué suerte estamos teniendo Mateo, con el buen tiempo que nos está haciendo hasta hoy ¿verdad?, y sobre todo que parece que el fin de semana va a ver lo mismo, con algo de frio, pero no lloverá!!


Así es Fidel, y me alegro por ti, que sé que llevas todo el año pensando en “tu” Semana Santa, en “tu” desfile procesional en “tu” banda de cornetas y tambores, en “tu” Cristo, en el palio de “tu” Virgen, etc, etc, ¡¡Me alegro de verdad!!, aunque sabes que no comulgo con “tu” forma de pensar.


¡¡Quiero entender tu postura Mateo, pero no lo consigo!! Dices alegrarte, pero no eres sincero, pones demasiado énfasis en el “tu”, como si en verdad todo esto fuera mío, y no es así, este mundo semanasantero es de todos los ubetenses, es nuestro patrimonio, es nuestra fe y nuestra religiosidad, lo llevamos en la sangre, forma parte de nuestro ser, es cuanto tenemos arraigado en nuestras fibras más sensibles, es la manifestación de nuestros sentimientos profundos, en definitiva es: "Nuestra Semana Santa".


Vale, de acuerdo, rectifico, no eres tú, no es tuyo, sino “vuestro” Todo este mundo al que nos estamos refiriendo, es el mundo cofrade, es vuestro mundo, porque el mío, siento revelártelo, el mío no es. Para mí esto no es religiosidad, para mí y para otras personas, no es más que otra fiesta más, una celebración como tantas tenemos, y lo que es muy preocupante: con la participación de los mismos adeptos a otras celebraciones, carnaval por ejemplo, que se consideraba como manifestación pagana.


Me daba la impresión que la conversación se estaba transformando en discusión, el tono de voz iba cambiando progresivamente, haciéndose más alto, más tenso y más agrio. Estuve tentado de intervenir, pues no me resultaba agradable que en un día tan señalado, un día en el que debería reinar la “Fraternidad”, dos amigos estaban posicionándose en actitudes totalmente opuestas. Pero no lo hice, no sé si por temor o por el morbo de ver en qué quedaría aquel dialogo que cada vez lo era menos.


Pero no me digas continuaba Mateo- ni lo pienses siquiera, que tú estás en posesión de la verdad, no me digas que tu postura es la verdadera, sobre todo no pretendas hacerme creer que eso es lo que Jesucristo quería. No me digas que la humildad de aquel que nació en un pesebre está reflejada en esos mantos con que cubrimos el cuerpo de Cristo, no me digas que los tronos –donde lo paseamos- de maderas nobles, talladas hasta la exageración y recubiertos de pan de oro, representan ese pesebre cubierto de paja en Belén. No me digas que esas esculturas femeninas –por mucho valor que tengan- unas más bellas que otras, pero todas ataviadas con maravillosos vestidos, cubiertas con mantos de tejidos nobles bordados con finos hilos de oro, y súper valoradas por joyas que lucen en sus manos y finalmente tocadas con coronas de oro e incrustaciones de piedras preciosas, sea ésa la representación de la humilde Virgen María que se consideraba: esclava. ¡No me lo digas Fidel!, no me lo digas porque no llevas razón y porque te advierto que eso, -entre otras cosas- es lo que los no creyentes argumentan para “descristianizar” a la población.


Fidel hasta ese momento había permanecido callado, aguantando cuanto oía de su amigo.

Fidel, hombre respetuoso, honesto, leal a sus principios, no deseaba enfrentarse a su amigo, quería comprenderlo, y buscaba en su interior las palabras que sin herir, pudieran defender su postura y quitar dramatismo al sentir de su amigo que exponía sus pensamientos de una forma tan agresiva.


Sabes Mateo que te aprecio, te consta que soy, o al menos quiero ser tu amigo, te trato como a un hermano, y porque te quiero, porque deseo lo mejor para ti, es por lo que me manifiesto de determinada manera. Piensa por un momento en tu madre a la que sé que quieres de corazón, se que la amas y que deseas para ella lo mejor del mundo. Si estuviera en tu mano, la colmarías de bienes, la tendrías atendida, vestida y alojada con, las mejores sedas, y residiendo en la mejor mansión que pudieras comprarle, y no digamos en cuanto a tu padre, tu esposa y/o tus hijos. Lo mejor de lo mejor sería para ellos. ¿Cuánto no más desearías para tu hermano: Jesucristo, y tu Madre del cielo? Más aún si no los tienes contigo, y para aliviar su ausencia te manifiestas como lo hacemos los que tu defines como: “semanasanteros” ¿Entiendes ahora porque todo se nos figura poco para nuestros pasos?. Además de que organizamos otros actos encaminados a la formación cofrade, al culto a nuestros Titulares y a la conservación de nuestro patrimonio artístico y cultural.


¡Qué bonito! ¡Qué bien te ha quedado! ¡Muy emotivo!, pero ni Dios ni su Madre están en el centro del guión entre acordes de trompetas y tambores y fotografiados por multitud de cámaras, ni observados por millares de ojos –críticos y acusadores algunos-. Dios está en la acera, en un rincón, en la puerta del templo, pidiendo para comer o para alimentar a sus hijos, Dios está en ese pobre hombre que tiende su mano a nuestro paso, y queda vacía porque nuestras monedas son para pagar al tabernero que nos sirve las raciones y mariscadas que la mayoría de las veces dejamos en el plato porque ya estamos hartos. La virgen María está en esa mujer que con el niño embrazos, apenas si tiene pecho para amamantarle y delante de la que también pasamos aprisa por volver otra vez desfilar la banda de nuestra predilección. Dios también está –sobre todo para los que decimos ser católicos- en el Sagrario, en ese Sagrario expuesto en nuestros templos y que prácticamente está solo porque no es atractivo, porque no tiene sones de trompetas ni tambores, porque está exento de melodías, marchas, cantares y saetas, ese Sagrario donde realmente a los ojos de la fe está Jesús Sacramentado.


Desde luego Mateo, ¡¡vaya paliza que me estás dando!! Esta conversación, deberían de estar oyendola más de uno. Yo aquí y ahora empiezo por reconocer nuestros fallos, soy consciente de que quizá nos hemos pasado en la parafernalia de la representación de La pasión y muerte de Cristo, quizá le demos más valor al aspecto material que al espiritual y con el anhelo de manifestar cuanto creemos, nos olvidemos de lo verdaderamente esencial, pero créeme, que nuestra intención es potenciar la fe y la religiosidad que profesamos.


Somos sinceros, al menos así lo creo cuando portamos, soportamos a hombros o achuchamos nuestros tronos. Nuestro esfuerzo, sudor y sufrimiento lo ofrecemos en desagravio por cuanto nuestro Señor padeció por nosotros. Supone, así mismo, para nosotros un alto honor y privilegio portal a nuestra Virgen. ¡¡Hay que se “costalero” para saber lo que se siente!! Si no fuera por nuestro interés en estas representaciones, si no fuera por cuanto se mueve en el pueblo y en sus creencias, si no fuera por la ilusión y dedicación que ponemos en nuestra Semana Santa, se perdería por completo y los enemigos de la religión triunfarían en su deseo de descristianizar el país.


Yo no podía seguir escuchando a estos interlocutores, porque era tarde, y me debía a otras ocupaciones, no sé cuándo ni cómo terminó este dialogo, ni sé como terminar yo este articulo, pues considero que ambos hablaban con sinceridad, que ambos son buena gente, que ambos son creyentes y cada uno a su manera manifestaba su religiosiadad. Y es esto lo que destaco en mi artículo. Es éste sentir religioso que todos llevamos dentro, es éste amor a Dios que parece se acrecienta en la Semana Santa ubetense, que tenemos la suerte de ser considerada como de las más importantes de nuestro país, que a pesar de ser aconfesional, ¡¡Nadie nos va a quitar nuestras creencias ni impedirnos manifestarlas!! ALELUYA, ALELUYA.

miércoles, 7 de abril de 2010

LA SAGRADA FAMILIA

Hace unos días festejamos la onomástica de San José, que según el nuevo testamento fue el esposo de La Virgen María y por tanto padre de Jesús.

Festividad religiosa según la iglesia católica y por tanto con obligatoriedad de asistir al sacrificio de la misa, con independencia de ser un día laborable.

Y seguidamente nuestra semana mayor: La Semana Santa

Es por esto, que me vino a la mente una conversación que tuve hace algún tiempo con un amigo mío, que nunca ha comprendido el porqué tuvo que padecer esta situación San José, como padre putativo de Jesucristo.

Mira por donde, precisamente hoy acabo de encontrarme con el amigo mío de siempre, y ahora en presencia suya, voy a relatar otra más de nuestras conversaciones.

¡Con tu permiso!

Me decía este amigo mío: ¿Has leído lo que dicen los Evangelios Apócrifos sobre San José? Pues no, no los había leído. Algo había oído y comentado, y por supuesto criticado, en mis reuniones y charlas religiosas, como participante en asociaciones de matrimonios católicos.

Mi amigo, si que los tenía y los había leído. Me invitó a escucharle mientras repasaba el capitulo referente a este personaje que nos ocupa hoy.

Dice así: "Había un hombre llamado José, natural de la villa de Bethlehem, la de los judíos, que es la villa del rey David. Era muy instruido en la sabiduría y en el arte de la construcción. Este hombre llamado José desposó a una mujer en la unión de un santo matrimonio y le dio hijos e hijas: cuatro varones y dos hembras. He aquí sus nombres: Judá, Josetos, Jacobo y Simeón. Los nombres de las muchachas eran Lisia y Lidia. Y la mujer de José murió, según ley de todo nacido, dejando a su hijo Jacobo de corta edad. Y José, varón justo, glorificaba a Dios en todas sus obras. E iba fuera de su villa natal a ejercer el oficio de carpintero, con dos de sus hijos, porque vivían del trabajo de sus manos, según la ley de Moisés. Los sacerdotes dijeron a la Virgen: Vete con José y obedécele, hasta que llegue el tiempo en que efectúes el casamiento. José acogió a María en su casa y ella, encontrando al pequeño Jacobo con la tristeza del huérfano, se encargó de educarlo y por esto se llamó a María madre de Jacobo. Luego que José la hubo recibido, se puso en viaje hacia el lugar en que ejercía su oficio de carpintero."

Resulta para mi asombro, amigo Vicente, que este hombre era “albañil” se casó en “Santo Matrimonio” y tuvo “seis hijos” (cuatro varones y dos hembras), que también sabemos sus nombres. Después se quedó “viudo”, con su hijo pequeño, huérfano, que marchó fuera de su casa para ejercer de “carpintero” junto a dos de sus hijos.

Por otro lado, los sacerdotes de aquella época, dijeron a María que “obedeciera” a José y se fuera con él hasta que se casaran. Ella aceptó y José la recibió en su casa junto a su hijo. Por ello la llamarón “María madre de Jacobo”.

Y ahora yo me pregunto –me decía un tanto inquisidor- ¿Donde está Jesús?, ¿Era Jacobo?, o ¿tuvo José un séptimo hijo? ¿Podría en este supuesto fallar aquí la credibilidad de la virginidad de María? Y sobre todo: ¿Qué hay de la virtud, castidad y santidad de San José?

Yo, que he reflexionado mucho en torno a la figura de San José, a medida que mi amigo me hablaba me iba sintiendo más y más desosegado por el temor a ser irreverente, ya que estaba comulgando con él, que parecía dar más crédito a los apócrifos que a los de los evangelistas.

Sea como fuere, apostillaba mi querido amigo: ¿Por qué ese empeño en que para que veamos a José como: un hombre casto, bueno, justo, y piadoso, éste tendría que renunciar a ser Padre carnal de Jesús?

Y lo que es más grave -a los oídos de quien nos escuche-: ¿Por qué Jesús, como hombre que fue, no pudo tener físicamente un padre y una madre como todos los hombres.

A mí que la paternidad me ha hecho ser mejor, más humano, más religioso, y sentirme más digno, me pregunto: ¿Porque hay que “despaternizar” el nacimiento de aquel hijo? ¿Era algo sucio, o pecaminoso engendrarlo y parirlo?

Entiendo que mi mujer como la tuya, supongo –me decía- se realizó por el hecho de ser madre. Entiendo que por amor verdadero y unión con intervención divina, no se ha de perder la virginidad, esto debería ocurrir con la deslealtad o la infidelidad, tanto a la propia pareja como a Dios.

No comprendo por qué ha de ser “virgen” la Virgen María como madre, para parir al “Hijo de Dios”. Siempre he creído que todos los seres humanos somos “hijos de Dios”, incluidos mis hijos, y creo que también los tuyos ¿no lo crees así? Pues si –fue mi respuesta- al menos ahora que lo pienso creo tiene sentido tu razonamiento. Comprendo que más de uno se rasgará las vestiduras leyendo este artículo, ¡¡y yo el primero!! Pero pienso que aunque no siempre se ha de decir lo que se siente, en esta ocasión lo podemos hacer, aunque con el temor de una posible apostasía, tengamos sin embargo la esperanza, de que se alcen algunas voces que nos convenzan de nuestro error, porque demostrar no podrán que estemos sumidos en una terrible situación blasfema.

Amigo mío, desde que comenzaste esta reflexión, cuya franqueza agradezco, empecé a recordar que yo me arrodillaba junto la cuna de mi primer bebé y rezaba ante él, porque en ese cuerpecito inmaculado estaba el Dios en el que yo creo, y no me sentía sucio, ni impuro ni “empecatado” por haber cedido, en íntima unión, una semilla a mi esposa que al final de un bendito embarazo parió -creo yo- a un nuevo hijo de Dios.

Yo voy mas allá, paciente amigo que me escuchas: No creo que Dios pueda ser: “Dado a Luz”, porque ¡¡Dios es la Luz!! Por tanto Dios no puede ser, ni engendrado ni parido. No puede nacer alguien que ya existe, Dios no tiene principio y no tendrá final. ¿Por qué entonces, ese empeño en hacerlo nacer?, ¿Por qué complicarnos la racionalidad a los que vemos y comprendemos con toda naturalidad la perfección de la humanidad creada por Dios?

Te estás metiendo en unas profundidades donde yo no me atrevo a entrar, aunque ya te dije antes que son cuestiones que siempre me han perturbado, por no ser coincidentes mi imaginación con mi educación.

Sobre San José te puedo comentar, que, la Iglesia Católica no ha parado de concederle y atribuirle honores. Ha sido “declarado” Patrón de la familia, “proclamado” Patrón de la Iglesia Universal, “considerado” Patrón del trabajo, “protector” contra la duda, “patrono” contra el consumismo. Ostenta así mismo el patronaje de múltiples naciones y países en el mundo entero.

Perdona que te interrumpa, Yo creo que este personaje histórico lo que hubiera preferido antes que tan múltiples títulos, sería: El honor de ser reconocido como verdadero padre, de aquel “Hijo de Dios” que tanto bien hizo y sigue haciendo por cuantos en Él creemos, por su humanidad y que fue educado en el seno de una verdadera familia, aprendiendo del ejemplo de sus padres.

Creo que debemos dejar aquí y por ahora esta conversación, porque reconociendo nuestras limitaciones y el entorno familiar en que nos encontramos, lo único que puede dar lugar es a críticas o incomprensiones.

Me parece bien amigo, reconozco haberme expresado quizá un tanto tremendista e irreverente, no quisiera haber dañado tu sensibilidad con mis confesiones, pero es que te tengo un gran aprecio y me infundes confianza, ¡discuplame! Además, no creo que publiques estos diálogos en tu blog.

¿Cómo que no?, por supuesto que lo haré. Estoy convencido de que, a quien realmente tiene fe esto no le perjudica, sino al contrario, se afianzará más en ella si verdadera es su fe. Y al que no es creyente, no le afectará, porque como se dice ahora: “Yo paso de todo esto”

jueves, 18 de marzo de 2010

MIGUEL DELIBES de actualidad

Parece que ya no hay REMEDIO (por ahora).
La ley ha sido “Sancionada” por nuestro Rey.
Ignoro si el día 20 de Diciembre del 2007, Don Juan Carlos I, Rey de España tuvo algún momento de descanso en sus deberes humanos y socio-políticos para leer el diario ABC de aquella fecha.
Me refiero a un artículo de nuestro admirado y desaparecido escritor MIGUEL DELIBES, que reproduzco aquí, por la vigencia del mismo, aunque fuese escrito hace más de dos años.

En estos días en que tan frecuentes son las manifestaciones en favor del aborto libre, me ha llamado la atención un grito que, como una exigencia natural, coreaban las manifestantes: «Nosotras parimos, nosotras decidimos». En principio, la reclamación parece incontestable y así lo sería si lo parido fuese algo inanimado, algo que el día de mañana no pudiese, a su vez, objetar dicha exigencia, esto es, parte interesada, hoy muda, de tan importante decisión. La defensa de la vida suele basarse en todas partes en razones éticas, generalmente de moral religiosa, y lo que se discute en principio es si el feto es o no es un ser portador de derechos y deberes desde el instante de la concepción. Yo creo que esto puede llevarnos a argumentaciones bizantinas a favor y en contra, pero una cosa está clara: el óvulo fecundado es algo vivo, un proyecto de ser, con un código genético propio que con toda probabilidad llegará a serlo del todo si los que ya disponemos de razón no truncamos artificialmente el proceso de viabilidad. De aquí se deduce que el aborto no es matar (parece muy fuerte eso de calificar al abortista de asesino), sino interrumpir vida; no es lo mismo suprimir a una persona hecha y derecha que impedir que un embrión consume su desarrollo por las razones que sea. Lo importante, en este dilema, es que el feto aún carece de voz, pero, como proyecto de persona que es, parece natural que alguien tome su defensa, puesto que es la parte débil del litigio.

La socióloga americana Priscilla Conn, en un interesante ensayo, considera el aborto como un conflicto entre dos valores: santidad y libertad, pero tal vez no sea éste el punto de partida adecuado para plantear el problema. El término santidad parece incluir un componente religioso en la cuestión, pero desde el momento en que no se legisla únicamente para creyentes, convendría buscar otros argumentos ajenos a la noción de pecado. En lo concerniente a la libertad habrá que preguntarse en qué momento hay que reconocer al feto tal derecho y resolver entonces en nombre de qué libertad se le puede negar a un embrión la libertad de nacer. Las partidarias del aborto sin limitaciones piden en todo el mundo libertad para su cuerpo. Eso está muy bien y es de razón siempre que en su uso no haya perjuicio de tercero. Esa misma libertad es la que podría exigir el embrión si dispusiera de voz, aunque en un plano más modesto: la libertad de tener un cuerpo para poder disponer mañana de él con la misma libertad que hoy reclaman sus presuntas y reacias madres. Seguramente el derecho a tener un cuerpo debería ser el que encabezara el más elemental código de derechos humanos, en el que también se incluiría el derecho a disponer de él, pero, naturalmente, subordinándole al otro.


Y el caso es que el abortismo ha venido a incluirse entre los postulados de la moderna «progresía». En nuestro tiempo es casi inconcebible un progresista antiabortista. Para estos, todo aquel que se opone al aborto libre es un retrógrado, posición que, como suele decirse, deja a mucha gente, socialmente avanzada, con el culo al aire. Antaño, el progresismo respondía a un esquema muy simple: apoyar al débil, pacifismo y no violencia. Años después, el progresista añadió a este credo la defensa de la Naturaleza. Para el progresista, el débil era el obrero frente al patrono, el niño frente al adulto, el negro frente al blanco. Había que tomar partido por ellos. Para el progresista eran recusables la guerra, la energía nuclear, la pena de muerte, cualquier forma de violencia. En consecuencia, había que oponerse a la carrera de armamentos, a la bomba atómica y al patíbulo. El ideario progresista estaba claro y resultaba bastante sugestivo seguirlo. La vida era lo primero, lo que procedía era procurar mejorar su calidad para los desheredados e indefensos. Había, pues, tarea por delante. Pero surgió el problema del aborto, del aborto en cadena, libre, y con él la polémica sobre si el feto era o no persona, y, ante él, el progresismo vaciló. El embrión era vida, sí, pero no persona, mientras que la presunta madre lo era ya y con capacidad de decisión. No se pensó que la vida del feto estaba más desprotegida que la del obrero o la del negro, quizá porque el embrión carecía de voz y voto, y políticamente era irrelevante. Entonces se empezó a ceder en unos principios que parecían inmutables: la protección del débil y la no violencia. Contra el embrión, una vida desamparada e inerme, podía atentarse impunemente. Nada importaba su debilidad si su eliminación se efectuaba mediante una violencia indolora, científica y esterilizada. Los demás fetos callarían, no podían hacer manifestaciones callejeras, no podían protestar, eran aún más débiles que los más débiles cuyos derechos protegía el progresismo; nadie podía recurrir. Y ante un fenómeno semejante, algunos progresistas se dijeron: esto va contra mi ideología. Si el progresismo no es defender la vida, la más pequeña y menesterosa, contra la agresión social, y precisamente en la era de los anticonceptivos, ¿qué pinto yo aquí? Porque para estos progresistas que aún defienden a los indefensos y rechazan cualquier forma de violencia, esto es, siguen acatando los viejos principios, la náusea se produce igualmente ante una explosión atómica, una cámara de gas o un quirófano esterilizado.


Miguel Delibes, 20-12-2007

martes, 9 de marzo de 2010

JUAN CARLOS I ¡¡REY DE “TODOS” LOS ESPAÑOLES!!

El otro día un amigo mío se preguntaba: ¿Rey de todos?.... ¿Cómo que de todos? Entonces ¿Qué pasa con estos? ¿Qué me dices de estos miles y miles de españoles que se manifiestan a favor de la vida en la calles de las principales capitales de España y de centenares de pueblos a pesar de las inclemencias del tiempo?

No es Rey de estos que vemos en las cadenas televisivas, fotografías en los diarios y en multitud de videos del domingo día 7 de Marzo, clamando a favor de la vida. ¡¡No de estos no es su Rey!! Porque estos y estas, jóvenes y mayores, niños y niñas no están de acuerdo con este Monarca nuestro, que se confiesa católico, porque acaba de firmar lo siguiente:

"Juan Carlos I Rey de España a todos los que la presente vieren y entendieren. Sabed: Que las Cortes Generales han aprobado y Yo vengo en sancionar la siguiente ley orgánica... Por tanto, Mando a todos los españoles, particulares y autoridades, que guarden y hagan guardar esta ley orgánica. Madrid, 3 de marzo de 2010"

Mi amigo repetía el texto haciendo hincapié en algunas palabras…..

"Juan Carlos I Rey de España a todos los que la presente vieren y entendieren (si que lo veo y lo leo, pero….¡¡no lo entiendo!!) Sabed: Que las Cortes Generales han aprobado y Yo vengo en sancionar la siguiente ley orgánica... Por tanto, Mando a todos los españoles, (No dice la monarquía, ni la casa real, sino que habla en primera persona: “Mando a todos los españoles”, y yo me pregunto ¿por qué no manda a los que apoyan esta criminal ley, -solo 6 más que el 50%- o sea la mitad de los españoles -132 votos a favor, 126 en contra y una abstención-que RESPETEN LA VIDA?), particulares y autoridades, que guarden y hagan guardar (Me suena a “precepto” ¿tanto poder tiene nuestro Rey? –para que luego digan algunos que es una “figura decorativa”) esta ley orgánica. Madrid, 3 de marzo de 2010"

Yo trataba de calmar a mi enfurecido amigo, pues a cada momento se iba acalorando más y más con este asunto, y no es por ser católico convencido y monárquico que lo es, (por su entorno familiar) -aunque tiene grandes lagunas-, sino porque le exaspera ver cuántas injusticias y atropellos a la Ley Natural se están consintiendo en este país socialista.

Ante aquello que dice “Constitucionalmente, un proyecto pasa a tener carácter vinculante y rango de ley exclusivamente por la firma del Rey”, recuerdo yo lo que dijo Lope de Vega: “Todo lo que manda el Rey que va contra lo que Dios manda, ni tiene rango de ley, NI ES REY QUIEN ASI DESMANDA”

Una de estas lagunas de mi amigo se le presenta cuando observando que la Iglesia está rotundamente en contra del aborto como un grave pecado, cuando critica y sale al frente en todas las ocasiones aunque desgraciadamente nada puede hacer ante el poder político. Solo ostenta la potestad de excomulgar a los que practican o apoyan estos delitos contra la Ley moral. Y sin embargo dice por boca del secretario general de la Conferencia Episcopal JUAN ANTONIO MARTÍNEZ CAMINO que: El Rey, conforme al criterio episcopal, no tendrá problema moral alguno al comulgar.

Ahora resulta que ¿existen varios criterios episcopales?, pues… ¡¡me lo explique!! Jesús solo conocía dos criterios, los que estaban en posesión de la verdad y los que no, los que se sentarían a la derecha del Padre y los que lo harían a la izquierda. Sin favoritismos, sin distinciones, con un solo criterio, todos seremos juzgados por el mismo rasero aunque con la particularidad suprema de poder ser siempre perdonados (pero esto es otro tema).

Tanto mi amigo como yo, nos preguntamos: ¿seguirá todavía en vigor en el “criterio episcopal” LA BULA? (era un privilegio para los que la conseguían, previo pago de su importe acorde a las posibilidades de cada cual y que se decía estaba destinado a limosnas, consiguiendo además INDULGENCIAS).

Así es que el Rey, como tal, es de suponer que está en posesión de la inmunidad moral, pero aunque así fuere, el Rey también es un ser humano sobre quien deberían recaer todos los cargos de conciencia que se nos exigen a los demás.

Me comentaba mi amigo que al sancionar El Rey la ley ya no representa nada para él, que nuestro monarca ya goza de una escasa credibilidad y legitimidad, y la va a perder del todo por no demostrar ser el Rey de todos los españoles, no solo católicos, sino hombres de buena fe, éticos y morales, porque esta desgraciada ley va contra todos esos valores, y si no ve este clamor popular, debería marcharse honrando una institución, la monarquía, por la cual un elevado número de españoles sentimos un considerable aprecio y respeto.

¡¡Calla, calla por favor le dije a mi amigo!! No te enfurezcas, no vas a conseguir nada, ¡este país es como es!, mejor dicho es como quieren nuestros gobernantes y el populacho que les vota, que sea, y nosotros nada podemos hacer mientras exista “La disciplina de partido” Cuantos hombres y mujeres poseedores de verdaderos valores morales, pero políticamente contrario a ellos, son tan cobardes de no oponerse a aquello con lo que no comulgan.

En último caso podría haber hecho como Balduino de Bélgica que renunció al trono, justo el tiempo de firmar la ley, el día 6 de noviembre de 1989 el Senado de su país había aprobado una de las leyes más laxas sobre el aborto y el 29 de marzo del siguiente año, la aprobó también la Cámara. Faltaba únicamente la firma de él para que la ley pudiera aplicarse. En un hecho sin precedentes el Rey Balduino, el 30 de marzo de 1990 envió una carta al Primer Ministro de su país explicando las razones de conciencia por las cuales no podía firmar dicha ley. El trono belga estuvo vacante durante 36 horas.

lunes, 15 de febrero de 2010

AQUI VIVE JOSE A. ALMAGRO


Video emitido por "La Sexta" de televisión el dia 14 de Febrero de 2010. Donde mi hermano Pepe, nos muestra su casa en la que ha ido acumulando toda clase de antiguedades y objetos raros de muy diversos estilos, representativos de varias culturas, como nos explica en el mismo.